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jueves, 8 de agosto de 2019

UN MISMO PROYECTO HUMANO PARA LOS CREYENTES Y PARA LOS ATEOS



O Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, o el hombre creó a Dios a imagen y semejanza de sus sueños y anhelos. Lo primero lo afirman los creyentes, lo segundo lo sostienen los ateos.

La única idea racional de Dios a que pueden hacer referencia tanto los creyentes como los ateos, incluye cuatro nociones esenciales: Dios como Omnisciente (o sea, quien todo lo conoce); Dios como Creador (es decir, que todo lo que existe ha sido realizado por él o a salido de él); Dios como Absoluto (o sea, que no depende de nada externo, que es completo en sí mismo, que es plenamente libre, autónomo y poderoso); Dios como Amor (esto es, que se une y es solidario con todos los seres). Se puede afirmar o se puede negar que un ser como ese exista realmente.

Pues bien, supongamos primero que sea cierto lo que afirman los creyentes: que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. Entonces tenemos que el conocimiento, la creatividad, la libertad y autonomía, y el amor y solidaridad, serían las cuatro cualidades que hacen a los hombres semejantes a Dios; o dicho de otro modo, son las semejanzas humanas de esas cuatro cualidades eminentes de Dios. Dios las habría puesto en los seres humanos como potencias o virtudes que pueden desarrollar, y su desarrollo sería la vía hacia su perfección, un camino de creciente semejanza con Dios.

Lo anterior puede expresarse también diciendo que el sueño, la utopía, el proyecto de Dios (la voluntad de Dios, en lenguaje cristiano), es una sociedad, una civilización de personas de conocimiento, creativas, libres y autónomas, amadas, amantes y solidarias. Para los creyentes, el anhelo y el proyecto más alto que pueda concebirse (para realizar la voluntad de Dios),  sería desarrollar en nosotros mismos y en la humanidad toda, las cualidades y perfecciones de Dios: el conocimiento, la creatividad, la autonomía y la solidaridad.

Supongamos ahora que lo cierto sea lo que afirman los ateos: que la idea de Dios es una creación humana, o sea que fue el hombre el que creó a Dios a imagen y semejanza de sus propios deseos. Los hombres, queriendo y buscando de algún modo su propia perfección, habrían inventado un ser perfecto: han proyectado y personalizado en un supuesto ser conocedor, creador, absoluto y amoroso, los que son sus cuatro mayores anhelos o aspiraciones: conocer, ser creativos, ser libres y autónomos, amar, ser amados y ser solidarios. Si fuera así, el conocimiento, la creatividad, la autonomía y la solidaridad serían los deseos más profundos, las cualidades más altas que puedan desplegar los hombres buscando su propia perfección. Cualidades que han sido idealizadas y concebidas en su grado eminente o perfecto, transpuestas en la idea de Dios el Omnisciente, el Creador, el Absoluto, el Amor.

Esto que afirman los ateos puede expresarse también diciendo que el sueño, la utopía, el proyecto más elevado de la humanidad, que expresa la perfección a la que aspira y con la que sueña el ser humano, y que ha sido reflejada en la idea de un Dios omnisciente, creador, absoluto y amoroso, es una civilización de personas de conocimiento, creativas, autónomas y solidarias. El anhelo, el proyecto más alto de realización personal y para la humanidad entera, sería avanzar hacia esas que concebimos como las perfecciones superiores que podemos desplegar los seres humanos: el conocimiento, la creatividad, la libertad y autonomía, y el amor y la solidaridad.

Tenemos, así, que el sueño, la utopía, el proyecto de Dios coincide con el sueño, la utopía, el proyecto de la humanidad: una civilización de personas de conocimiento, creativas, autónomas y solidarias. De personas que amplían y profundizan el conocimiento. De personas que crean obras y que expresan fuera de sí mismas lo mejor de sí. De personas libres, que dependen siempre menos de las cosas externas, que son cada vez más plenas y completas en sí mismas, que son crecientemente autónomas y empoderadas. De personas que que aman, se unen y que son solidarias con todos los seres.

El mismo proyecto para los que creen que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, y para los que piensan que fue el hombre el que creó la idea de Dios a su imagen y semejanza.

Luis Razeto



lunes, 24 de junio de 2019

COSMONOÉSIS (o Conciencia Cósmico-Noética)

Desde los tiempos más remotos los hombres han mirado el cielo e interrogado a los astros y estrellas del firmamento buscando respuestas a los grandes misterios del ser, de la vida y de la existencia humana. Podemos decir, en tal sentido, que el cielo ha provisto a la humanidad con sucesivas revelaciones. En efecto, los asirios, los chinos, los egipcios, los hebreos, los mayas, los griegos, etc. han realizado distintas lecturas del cielo estrellado, escuchando sus voces y encontrando en él presencias arcanas y esotéricas. Se llaman precisamente “cosmovisiones’ esas grandes concepciones del mundo, de la vida y del hombre que distinguen a las culturas y civilizaciones.
Analizando y reflexionando sobre la situación del hombre contemporáneo Ortega y Gasset concluía:  “El hombre necesita una nueva revelación. Porque se pierde dentro de su arbitraria e ilimitada cabalística interior cuando no puede contrastar ésta y disciplinarla en el choque con algo que sepa a auténtica e inexorable realidad. Esta es el único verdadero pedagogo y gobernante del hombre. Sin su presencia inexorable y patética, ni hay en serio cultura, ni hay Estado, ni hay siquiera –y esto es lo más terrible– realidad en la propia vida personal. Cuando el hombre se queda o cree quedarse solo, sin otra realidad distinta de sus ideas que le limite crudamente, pierde la sensación de su propia realidad, se vuelve ante sí mismo entidad imaginaria, espectral, fantasmagórica. Sólo bajo la presión formidable de alguna trascendencia se hace nuestra persona compacta y sólida y se produce en nosotros una discriminación entre lo que, en efecto, somos y lo que meramente imaginamos ser.” 
Hoy el conocimiento científico, que constituye una nueva lectura del universo, nos proporciona nuevas respuestas, en cuanto encontramos en las dinámicas espacio temporales del cosmos las causas, el sentido y el fin del cambio permanente e irreversible que mueve a todo el ser. Es como una nueva revelación de lo que somos y del lugar que ocupamos en el universo. 
Adquirimos una nueva perspectiva, que nos permite valorar con otros ojos la exuberancia de  la materia, la diversidad de la vida, la profundidad de la conciencia, los alcances del espíritu humano.
En El Cosmos Noético mostré cómo la ciencia pone de manifiesto que el universo ha evolucionado en la precisa dirección de generar seres conscientes y cognoscentes que buscan conocerlo y que se preguntan por el sentido del todo.
La Cosmonoésis consiste en ponerse en el punto de vista del Cosmos Noético, que mira en perspectiva el universo, desde la formación de la materia hasta el surgimiento del espíritu en el individuo humano.
Para acceder a dicho punto de vista es necesario un proceso de unificación y universalización del conocimiento. Pocos individuos lo alcanzan, pero lo importante es que algunos lo logren.
Se necesitó una infinidad de estrellas, tal vez una galaxia entera, para generar un planeta como la tierra, capaz de albergar la vida.
Se necesitó una infinidad de vivientes para generar un animal cognoscente, capaz de percibir los objetos materiales.
Se necesitó una infinidad de cognoscentes para generar un ser humano consciente y racional, capaz de inteligir y comprender el mundo y a sí mismo.
Se necesita una infinidad de seres humanos para generar un individuo supraconsciente, capaz de alcanzar la experiencia y el conocimiento espiritual.
Los procesos que hicieron surgir la materia, la vida, la sensibilidad, la conciencia, la razón y el espíritu, constituyen en el cosmos el ‘filón’ evolutivo que conduce a la perfección de los trascendentales del ser: la verdad, el bien, la belleza y la unidad.
Cada uno de estos trascendentales, en la historia humana, marcan ‘filones’ que ven nacer, emerger y aparecer realidades progresivamente superiores.
En el filón del conocimiento de la realidad, las ciencias comprensivas de la complejidad constituyen el vértice más avanzado alcanzado hasta hoy, la cúspide de la inteligencia racional.
Deberá pasar mucho tiempo antes de que el conocimiento comprensivo de la complejidad se constituya como el modo de conocer prevaleciente en la sociedad. Cuando ello ocurra estaremos en una civilización nueva y superior a todas las hasta ahora conocidas.
Más allá del conocimiento comprensivo se encuentra la experiencia o conocimiento espiritual. Un conocimiento que intenta trascender el conocimiento racional, porque éste plantea de modo inevitable la interrogante por el origen del universo y por su fin último. Pues no parece convincente que este universo maravilloso que ha generado la vida, el conocimiento, la sensibilidad, la conciencia, el amor y la espiritualidad, pueda haber surgido de la nada por sí mismo, por casualidad, y haber evolucionado por puro azar, y que esté irremediable y definitivamente solo, destinado en último término a la entera disgregación.
Luis Razeto
Nota:
En el libro La Experiencia Espiritual, propongo una interpretación teórica sobre éste modo de conocimiento, que plantea tantas preguntas: ¿Cuáles son los contenidos del conocimiento espiritual, o qué se conoce en estas experiencias? ¿Qué validez y confiabilidad podemos atribuir al conocimiento espiritual? ¿Qué implicaciones tiene el conocimiento espiritual sobre la epistemología humana? ¿Y sobre lo que es el hombre? ¿En qué sentido impacta la experiencia espiritual sobre lo que comprendemos de la realidad? ¿Nos proporciona respuestas sobre el fin y el sentido de la vida? ¿Qué prácticas o procesos son necesarios para acceder al conocimiento espiritual? ¿Hay vías, métodos y procedimientos que la favorezcan?
La exposición de estos temas y preguntas se organiza en cinco partes. En la primera – Fenomenología de la Espiritualidad – se recogen y sistematizan los testimonios y los modos en que los místicos han expresado y comunicado sus experiencias. En la segunda – Epistemología de la Espiritualidad – se abordan las cuestiones relativas al conocimiento espiritual. En la tercera – Ontología de la Espiritualidad – se extraen las consecuencias que el conocimiento de la espiritualidad tiene sobre lo que es la realidad y el ser. En la cuarta – Antropología de la Espiritualidad – se exploran las implicaciones que tiene la espiritualidad para las grandes cuestiones del sentido y los fines de la vida humana. Y en la quinta – Praxeología de la Espiritualidad – se examinan las prácticas, los modos y los métodos a través de los cuáles pudiésemos llegar a vivir las experiencias espirituales.
Luis Razeto

(El libro La Experiencia Espiritual se encuentra en este enlace:
https://www.amazon.com/dp/1549896660

El libro El Cosmos Noético aquí: