viernes, 11 de octubre de 2019

LA NATURALEZA NOS RETA A CREAR UNA NUEVA CIVILIZACIÓN


El historiador Fernand Braudel, en su libro Las Civilizaciones Actuales, sostiene que las civilizaciones surgen “marcadas por las tierras, los relieves, los climas, las vegetaciones, las especies animales, las condiciones naturales, el medio ambiente natural y transformado”. Siguiendo a Arnold Toynbee, señala que para que se origine una nueva civilización “es necesario que la naturaleza se le presente al hombre como un desafío, como una gran dificultad que vencer; si el hombre acepta el desafío, pone los cimientos de una civilización”.

Pocas dudas caben de que la naturaleza y el medio ambiente plantean hoy a la humanidad desafíos inéditos, gigantescos, de esos que obligan a crear y desarrollar una civilización nueva, distinta a las anteriores. El cambio climático y los fenómenos de sequías e inundaciones que se le asocian; la contaminación de la atmósfera y de los océanos, ríos y lagos; la desertificación y los incendios de bosques; la extinción de especies y los desequilibrios ecológicos; el agotamiento de energías fósiles y de importantes recursos naturales no renovables; son realidades que se están acentuando, que desafían a la humanidad entera, y que nos plantean la necesidad de encontrar mejores formas de alimentación, de generación y empleo de la energía y de los recursos naturales, de ocupación y habitación del territorio, de producir, de consumir, de desarrollarnos.

Rasgo distintivo de las civilizaciones ha sido en el pasado, y es en el presente, su modo particular de establecer las relaciones entre los humanos y la naturaleza. Como dice el mismo Fernand Braudel, “una civilización es una economía”, entendiendo que la economía es, en su esencia, el proceso de intercambio vital entre los humanos y la naturaleza, que los transforma a ambos.

Pero especifica el mismo autor: “Es verdad que en el origen de una civilización hay un reto de la naturaleza; es verdad que hay una respuesta de los seres humanos; pero no es forzoso que a consecuencia de ello surja una civilización; surgirá cuando se hayan encontrado respuestas mejores a las anteriores”, que superen el desafío.

Y encontrar y desarrollar respuestas mejores; y principalmente una nueva y mejor economía – la economía solidaria, cooperativa y colaborativa que proponemos y que ya muchos practicamos – depende básicamente de nuestro conocimiento sobre la realidad que es necesario transformar; de la creatividad con que abordemos la búsqueda y la proyectación de soluciones originales y eficaces; de la autonomía de nuestras iniciativas respecto a los modos anteriores de afrontar los problemas; y de la solidaridad que manifestemos en la organización de la sociedad. Y aún más en la base de todo ello, como condición de todo ello, tendremos que desarrollar nuevos modos de ser, de vivir, de aprender, de trabajar, de consumir, de relacionarnos, de comportarnos, de organizarnos, que a su vez suponen profundizar la comprensión del sentido de la vida, elaborar una nueva ética individual y social, y desplegar una renovada espiritualidad.

Luis Razeto